jueves, 16 de marzo de 2017

Y LA PAZ FUE DESTERRADA (Apoc. 6, 3)



Y LA PAZ FUE DESTERRADA (Apoc. 6, 3)


 Ya estamos viviendo otro acontecimiento apocalíptico, otro pasaje del Apocalipsis se cumple.

 El cordero abre el segundo sello y el segundo ser viviente dice ‘ven’, desencadenándose una serie de efectos en el mundo.

 Lo que ocurre es que la paz es desterrada, primero de los corazones, luego de la faz de la tierra.

 Almas ardiendo de furia, perdidas en tinieblas, hundidas en sí mismas, totalmente inconscientes u olvidadas de Dios, se estrellan unas contra otras.

 Es un ardor insoportable el que padecen en su interior y es un tormento abominable el que sufren exteriormente, eso genera estrés, de ahí surge el querer vencer, dominar, imperar, imponerse.

 Las almas suponen que el mal que padecen es causado por otras y así es como consienten odiar, aborrecer y buscan la manera de prevalecer.

 Lo mismo sucede con grupos de almas y de esta manera varios se enfrentan contra varios. Luego a nivel étnico, social, cultural, nacional e internacional sucede lo mismo.

 Es como dijo El Señor, dos contra tres y tres contra dos, pero ya no hay paz sino guerra, espada, guerras y rumores de guerras.

 Se multiplican los conflictos, las almas permanecen en guerra y solo quieren odiar, ya no hay posibilidad alguna de que haya paz.

 Cada uno se halla encerrado en sí, perdido en sus tinieblas, plenamente convencido de que tiene razón y de que le es debido lo que desea.

 Cada cual se encuentra convencido de que la culpa de todos sus males es de otro y que es justo odiar, aborrecer, vengarse, matar.

 Y en general, a nadie le importa nada de nada ni de nadie, cada uno es su propio dios y es esclavo de su ego, todos se hallan perdidos en sus delirios.

 Entonces, no hay paz ni hay posibilidad de que pueda conseguirse, desgraciadamente solo veremos conflictos, guerras, rumores de guerras, la paz fue desterrada, la humanidad la ha perdido porque la Paz es Bendición de Dios y hace mucho que la humanidad se apartó de Dios, es lógico que, perdiéndolo a Él, pierda todo lo que es de Él.


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